¿Tu hijo se chupa el dedo?

Ver a tu bebé dormido mientras se chupa el dedo pulgar puede parecer una de las escenas más tiernas del mundo. Sabemos que es un reflejo completamente natural que les da seguridad, los relaja y los ayuda a calmarse solitos. El detalle está en que, si este hábito tan arraigado se prolonga más allá de los tres o cuatro años, deja de ser inofensivo y empieza a moldear negativamente toda la estructura de su boquita.

La fuerza invisible que deforma el paladar

Cuando un niño succiona su dedo constantemente, está aplicando una presión directa y continua hacia arriba y hacia adelante. Como los huesos de su rostro aún están muy blandos y en pleno desarrollo, el paladar termina hundido y mucho más estrecho de lo normal. Al mismo tiempo, los dientes frontales superiores son empujados hacia afuera, creando lo que los dentistas llamamos una «mordida abierta». Básicamente, se forma un hueco en la parte de enfrente donde los dientes de arriba y los de abajo ya no logran tocarse al cerrar la boca.

Este cambio estructural no solo afecta cómo se ve su sonrisa. Una mordida alterada de esta forma le dificulta al niño masticar correctamente sus alimentos e incluso interfiere en su desarrollo del lenguaje, causándole problemas para pronunciar ciertas letras y sonidos. Lo que empieza como un simple consuelo infantil, a la larga se convierte en la necesidad de tratamientos largos para intentar devolver cada hueso y diente a su posición original.

Un trabajo en equipo, sin regaños

Sabemos perfectamente que lograr que un niño deje de chuparse el dedo no es una tarea fácil. Muchas veces, entre más se les regaña, más lo hacen por ansiedad. Sin embargo, no tienen que pasar por esto solos. En Centro Dental Avanzado creemos que la mejor manera de frenar el impacto es mediante la educación amigable y la prevención.

A veces, todo lo que el niño necesita es escuchar a un especialista explicarle, de forma divertida y sin asustarlo, por qué sus dientecitos necesitan descansar. Si el hábito ya ha movido un poco su dentadura, podemos apoyarnos en la ortodoncia interceptiva, colocando pequeños y cómodos aparatos que simplemente le quitan el placer a la succión, ayudando a que el niño abandone la costumbre casi sin darse cuenta.

Si has notado que los dientecitos de tu pequeño ya empiezan a verse un poco salidos o sientes que se te acabaron las ideas para quitarle el dedo de la boca, conversemos. Te invitamos a que vengas a vernos; separa un espacio en nuestra agenda para conocerlos. Queremos hacer equipo contigo, orientarte con paciencia y asegurarnos de que tu hijo crezca con una sonrisa fuerte, funcional y lista para comerse el mundo.